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Capítulo 10 El Gobierno de Dios, Libro 1

1. Ahora oye y comprende lo que el eterno Amor dijo e hizo... Cuando el Padre santo hubo terminado este discurso tan sumamente serio en el que anunciaba la Clemencia (todavía amenazando a los infractores de la Ley de la gran Gracia con el juicio y que el pecado acarrearía la muerte), de nuevo el eterno Amor estuvo conmovido hasta la profundidad más íntima de su Corazón misericordioso, y por segunda vez lloraba lágrimas de compasión y de alegría más íntimas y de sumas delicias por la gran Gracia clemente del Padre tan sumamente santo y bueno... De modo que con la más profunda conmoción el Amor dijo a Adán y Eva:

2. “Ahora, Adán, viste los horribles juicios de Dios que se manifestaron ante ti, y Eva los vio y los experimento a través de ti. Pero ahora voy a abrirle también a ella la visión y el oído ––como también a todos los que surgirán de ella en número de las estrellas en el cielo, en número de las hierbas sobre la tierra y en número de los granos de arena en el mar que es infinito–– para que también ella en adelante pueda enterarse con sus propios sentidos de lo que hizo la Divinidad dentro de su ira castigadora y de lo que luego hizo el eterno Amor en su Misericordia ilimitada.

3. Grabé la Ley en tu corazón, tal como también tú debes grabarla en el corazón de Eva; y, como señal que siempre os advertirá de los juicios de Dios como consecuencia de vuestro pecado, para vosotros y todos los que os seguirán, voy a hacer que aquí y allá se formen volcanes que ––hasta el fin de los tiempos–– de vez en cuando vomiten fuego... y os dejaré en herencia el rayo que os recordará a la devastación en aquellos tiempos... y os dejaré el trueno que sigue al rayo, para que os recuerde el nombre del Dios todopoderoso, en caso de que alguna vez os olvidéis de él...

4. Y las lágrimas de compasión y las de la alegría más íntima por la gran Gracia del Padre santo Yo las coloqué en el amplio espacio del cielo, como una nueva Creación y como señal eterna... Que os iluminen en la noche de la Tierra, que os alivien en el crepúsculo de la vida y que os anuncien el día venidero...

5. Y ahora alzad vuestra vista al cielo donde las estrellas lucen en un orden y esplendor diversos: las rojizas en señal de mi Misericordia y las blancas en señal de mi Alegría por la gran Gracia del Padre tan sumamente santo y bueno. Y, más allá de las estrellas de las lágrimas de la Misericordia y de la Alegría, ved aquel cinturón ancho muy claro que también está compuesto de estrellas... Se trata de estrellas de los tiempos primarios, como resultado de la lágrima del Amor que en aquella época ya tuvo Misericordia con los espíritus entonces caídos... Este cinturón que está trazado a lo largo de toda la anchura del cielo os sirva como señal de la alianza eterna y santa entre el eterno Amor ––que hizo que existierais vosotros y todo lo demás que existe–– y la Divinidad que juzga todo conforme su eterna Santidad.

6. Y ahora, Adán y Eva, mirad a mi ojo izquierdo que ––encima de mi Corazón y enfrente de vuestro ojo derecho–– brilla benignamente... Ved, todavía hay una lágrima prendida en las pestañas... la lágrima mayor ya de todas que estos ojos han derramado por vuestra causa...

7. Allí donde en el amplio cielo parece que este cinturón está cortado, allí siempre mirad con gusto, emoción y llenos de agradecimiento; para que a vosotros y toda la Creación este lugar os sirva de recuerdo eterno el que vosotros por vuestra infidelidad rompisteis conmigo y Yo entonces por compadecerme de vosotros rompí con la Santidad de Dios... Y que la parte en la que parece que el cinturón prosigue, os sirva de señal de la gran intercesión del eterno Amor ––que soy Yo desde las eternidades–– entre la Santidad sagrada de Dios y vosotros que, infieles, pecasteis ante el semblante de su ilimitada Santidad.

8. Ved, ¡de allí resulta esta lágrima y allí está el lugar de su causa!

9. Y vendrá el día en el que esta lágrima saldrá como lucero de la mañana, precioso, que iluminará a todos los pueblos de la Tierra que, tras los tiempos de los tiempos, os seguirán en vuestras huellas de arrepentimiento y de tristeza... Pero antes esta lágrima aún va a lavar la Tierra del lodo maloliente del pecado y purificará vuestras lágrimas del arrepentimiento y de la tristeza de la inmundicia de la serpiente.

10. Haré que esta lágrima caiga sobre una flor todavía blanca de este zarzal, entre las dos que tú, Eva, ya fructificaste; y vendrá el día en el que de ella surgirá una mujer pura que a la serpiente le aplastará la cabeza. Aunque esta serpiente aún llegará a morderle el talón, el veneno no le hará mal. De modo que de esta lágrima ––y ya estáis ante la época–– saldrá un lucero de la mañana muy hermoso para todos aquellos pueblos de la Tierra que son de buena índole, y sólo para los hijos rebeldes de la serpiente saldrá el juicio eterno.

11. Y los espíritus que surgieron del seno de la Santidad del Padre descenderán a la Tierra y, allí encarnados, anunciarán a vuestros descendientes la gran época y las circunstancias de la Venida de Aquel que ahora está delante de vosotros, al que ahora todavía podéis ver y oír, pero en adelante ya no... Sólo a la hora de su Venida prometida volveréis a verle, conforme a la promesa del Padre santo que Yo os transmito por ser eterno Amor en Él.

12. ¡Ahora habéis oído todo lo que os hace falta para recibir mi Bendición!

13. De modo que sed bendecidos por la mano del Poder y de la Fuerza del eterno Amor del Padre santo, y también por la Fuerza del Espíritu que es santa por surgir de Nosotros dos... ¡Fecundaos y reproducíos, y repoblad la Tierra con el fruto vivo de esta Bendición!

14. Y cada vez que os unáis por la causa de esta Bendición, ¡antes sacrificadme vuestros corazones! Porque si esto lo omitís, la serpiente ––que todavía vive y continuará viviendo eternamente en la ira de la Divinidad–– echará a perder vuestro fruto en vosotros... Y tú, Eva, más todas las demás de tu sexo, en vez de frutos bendecidos alumbraréis frutos de perdición. Estos, en gran número, van a estropear a los hijos de la Bendición y de la Luz, y sus estragos no tendrán fin... Y vosotros, en herencia, dejaréis el pecado a todos; con lo que vuestra culpa será manifiesta hasta en los tiempos de los tiempos y después.

15. Y este pequeño sacrificio de vuestros corazones ––a cambio de mi Bendición con mi Gracia–– os será impuesto como un servicio sagrado con el que tenéis que cumplir cada vez que os unáis en el ámbito de esta Bendición. Que este nuevo mandamiento fácil de cumplir que acabáis de recibir de mi boca sea la primera Iglesia que Yo, ante vosotros, fundo en memoria Mía. ¡Que ella os recuerde agradecidos a las obras del Amor misericordioso y os ayude para volver al temor sagrado de Dios!

16. Desde lo Alto os mandaré un espíritu puro como mensajero con una espada llameante en la mano, para que os muestre toda la Tierra de un lado a otro. Él os llamará la atención sobre las absurdidades del mundo, pero también os castigará en caso de que os apartéis de mis caminos.

17. Esto os dice el eterno Amor en el nombre del Padre santo. ¡Amén!”

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