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Capítulo 2 Carta a Laodicea

26. ¿No sería mucho más sensato ayunar en el corazón que en el estómago? —¡¿Cómo podéis ser tan necios y permitir que os hagan creer que al Señor le es más agradable alguien que come un pescado conservado en aceite, o alguien que come otra carne de un animal de sangre caliente y su grasa en vez del aceite?!

27. Pero os digo: ¡Comed siempre con moderación y sentido común aquello que os sabe y hace bien a la salud de vuestros cuerpos, y tomad vino con agua, así como también lo hago cuando me es posible, y no tengáis remordimientos por esto, así entonces habréis actuado correctamente también en relación a esto!

28. Porque el Señor no tiene complacencia en el ayuno del estómago, pero sí, en el del corazón, por eso, ayunad día y noche en el corazón, entonces así ayunaréis en el espíritu y en la Verdad.

29. Pero si queréis ayunar según la doctrina hipócrita de aquél que, ante vosotros aparenta como si ahora estuviera ya más en el Cielo y que tan sólo le queda un pie sobre la Tierra, entonces vuestro ayuno sería igual al de los gentiles que comen en sus días festivos las golosinas más refinadas, para después estar tanto más libidinosos que en un día común y corriente en que tienen su alimento diario habitual.

30. Ya que ahora habéis resucitado con Cristo, ¿qué os importa lo que hay allá, abajo en el mundo? ¿Y para qué queréis cumplir con los preceptos del mundo que son obras de los hombres?

31. ¡Anhelad lo que está arriba, allí en donde Cristo está sentado a la derecha del Padre, porque esto os será de mejor provecho que todas las locuras del mundo totalmente vanas!

32. Si sois despertados en el Espíritu y resucitados con Cristo, entonces sois de arriba, pero no de abajo. Por eso, ¡anhelad también lo que es de arriba, pero no lo que es de abajo sobre la Tierra!

33. Porque vosotros habéis muerto para el mundo, y vuestra vida está acogida con Cristo en Dios.

34. ¡Pero cuando se manifieste Cristo —que ahora es vuestra vida—, entonces también vosotros seréis manifiestos con Él en la Gloria!

35. Por lo tanto matad nuevamente vuestro mundo que está en muchos miembros sobre la Tierra, como los miembros de vuestro cuerpo, y con los cuales os habéis enviciado y que ahora de nuevo queréis enviciaros con la fornicación, la impureza, la concupiscencia vergonzosa, los malos apetitos, la codicia, envidia y avaricia; en todo lo que desde siempre ha consistido la idolatría de los gentiles.

36. ¡Y ante todo evitad la mentira, porque ella es la hija más cercana de Satanás! ¡Despojaos del hombre viejo y vestíos con el hombre nuevo en Cristo, que será renovado para que reconozca a Aquel que le creó conforme a su propia imagen.

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