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Capítulo 2 Los Tres Días en el Templo

13. Puede que la cosa tuviese cierta importancia, pues causaba gran sensación. Pero es curioso que transcurridos unos años todo haya desaparecido totalmente en la mar del olvido, de manera que nadie menciona hoy este suceso ni merece la pena perder una palabra sobre el particular. Respecto a Simeón y Ana, éstos han sido dos viejos y conocidos entusiastas del templo, que en un tono místico hicieron sus observaciones mesianas con muchos muchachos, con lo que daban esperanzas excepcionales a muchos padres fácilmente influidos.

14. Cuando Dios entregó los mandamientos a Moisés, en el monte Sinaí casi todo el círculo de la tierra tembló, y los sucesos en el desierto duraron cuarenta años enteros, y en aquel entonces casi todo el mundo debía reconocer la omnipotencia de Jehová. Y el Mesías que ha de venir a este mundo, sin duda alguna se manifestará de modo que todo el mundo tiemble aún más violentamente, porque de Él cantó David: ¡Ensanchad y alzad las puertas del mundo para que entre el Rey de la gloria! ¿Quién es el Rey de la gloria? ¡Es el Señor Jehová, fuerte y poderoso! ¡Es el Señor Jehová poderoso en la batalla! ¡Ensanchad y alzad las puertas del mundo para que entre el Rey de la gloria! ¿Quién es el Rey de la gloria? ¡Es el Señor Zebaot! ¡Es el Rey de la gloria!

15. Y tú, simpático muchacho, tienes que comprender que el nacimiento del Mesías prometido en Belén, que ya casi se ha olvidado por completo, ha perdido su gran importancia. ¡Considera tan sólo como David le anunció y lo que había de hacer, antes de que el gran Rey de la gloria descendiere de los cielos, viniendo a los judíos; y considera también que, unos años antes, todos los judíos serán invitados, por los grandes profetas —como Elías, que antecederá al gran Rey de la gloria— a llevar a cabo lo que el gran rey David ordenó para prepararse a la impresionante llegada del Dios supremo!

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